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Mensaje
del V:. M:. |
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Después de un largo paréntesis y habiéndose superado un pernicioso comportamiento de gestión de concluirlo, sin esfuerzo y cuanto antes, los días señalados en el calendario, reaparece, cobrando un nuevo impulso nuestra página Web. Vuelve en su nobilísima tarea como órgano difusor del pensamiento a exponer sus reflexiones ante la eclosión materialista y de crisis generalizada en que el mundo y nuestro país actualmente se debaten. Emprendemos esa tarea como discípulos de la insumisión, amigos de la duda y como integrantes de esta antiquísima y venerada institución. Asumimos esta responsabilidad con el noble propósito de procurar su regeneración. En buena cuenta ese compromiso es principalmente con aquellos que están hartos de tanta afonía en relación a los temas que de verdad importan. Nos dijeron que en el siglo XXI comenzaría la nueva era de Acuario, plena de espiritualidad y buenas vibraciones, sin embargo lo que venimos sobrellevando es la irracional credulidad a lo material – crematístico, llámense: los “milagros” del capital, en la fe ciega que se le profesa al dinero y al culto ilimitado que se le rinde a la avaricia, entre otras desdichas. Lo dijimos, en un tono adivinatorio, en el mensaje reflexivo de fin de año, que algunas de esas fatalidades aún se perpetúan y vienen erosionando el suelo de la humanidad. Es indudable que lo que hemos venido denominando, con una cierta timidez eufemística, "globalización" se ha tornado en un proceso imparable que viene impulsando modernas y a la vez desesperante formas de vida por el cual la competitividad, el consumismo, la lógica de los resultados se han erigido como principios motrices en el quehacer del hombre contemporáneo. Esos quizás habrían sido los factores del desencadenamiento de esta espantosa crisis financiera que sacude y atemoriza al mundo. La globalización ha sido también causante del desmantelamiento del Estado del Bienestar, la destrucción de los nacionalismos, el imperio del ello consumidor, la deslocalización de las relaciones y el enseñoramiento de la codicia. En estas condiciones, como espinazo de toda certidumbre, se hace urgente el llamado para que se incorporen a la sociedad y en la conciencia de los ciudadanos los grandes principios que han sostenido y sostienen a nuestra legendaria y mítica institución. En nuestro país nuevamente el basural de la política se ha conmovido: La corrupción sistémica, como en los tiempos de Fujimori ha retornado, sólo que ahora no se encuentra centralizada en la cúspide sino que abarca a toda la anatomía del Estado. En un diálogo que todo el país ha percibido se ha visto y escuchado los poros que rezuman corrupción y entreguismo antinacional y antipopular. ¡Que ignominia! En ese ancho contexto de corrupción y manejos oscuros detrás de las bambalinas del poder se encuentran como siempre el desbocado interés por el dinero y la codicia. En medio de estos escándalos, que relajan aún más nuestra endeble moralidad, igualmente urge volver los ojos a ese hemisferio decente y despoblado, que está lejos de la política de los enjuagues y de los amarres que son los ejemplos de vida que permitan presagiar que no todo está podrido en el país. Ese modelo de vida lo encarna, para orgullo de nosotros, un masón ejemplar: don Miguel Grau Seminario, cual Mio Cid quien después de 129 años de su sacrificio nos sigue brindando lecciones de entereza, coraje e idealismo. Su ejemplo, su vida, su modestia siguen siendo el escudo de todos nosotros. El asco y desconcierto que experimentamos ante el materialismo y la crisis moral de hoy se aplacan al recordar que hemos tenido en nuestras filas, masones como el Caballero de los mares; noble espinazo que nos posibilita apuntalar de que los grandes ideales y principios al personificarse se disparan hacia la posteridad, constituyéndose, en medio de este naufragio, en proverbiales tablones de salvación. |